La magia es tan importante, porque forma parte de nuestras vidas. Si tú no te ilusionas, estás perdiendo el sentido que tiene la vida“, reflexiona.

10668764_762226753839137_1823678_nEn el duodécimo piso del edificio del Ministerio de Obras Públicas (MOP), ubicado en calle Morandé, a un costado del palacio de La Moneda, trabaja Mauricio Leiva. Él ha pasado por diferentes organismos del Estado: la Junta Aeronáutica Civil (JAC), el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y el MOP han sido en donde ha estado presente. En total, lleva más de 14 años trabajando en entidades públicas.

Los pasillos por donde transita son delgados, largos y muy iluminados. El ascensor solo llega hasta el piso 11, por lo que debe subir un piso a pie. Trabaja en una oficina que se le conoce internamente como «Pajarera», por su parecido a una jaula en donde se crían pájaros.

Su escritorio de madera queda frente a una ventana. Tiene una panorámica privilegiada del Barrio Cívico de Santiago: el Patio de los Naranjos, de los Cañones y la Plaza de la Constitución son algunos de los lugares que desde su lugar de trabajo se pueden observar sin mayor obstáculo.

Al costado de su escritorio hay un tapete para realizar efectos de magia. Leiva cuenta que en los momentos de ocio, ya sea en la hora de colación, antes de entrar al horario de trabajo o luego del término de la jornada laboral, practica técnicas de «magia de cerca» y/o le hace magia a sus compañeros de labores.

“Hace seis años que me dedico a la magia. Antes de entrar a la escuela (Círculo Mágico Artístico, Cimart) pensaba saber mucho de magia, me creía mago de los buenos. No obstante, una vez dentro me di cuenta de que no era nada lo que sabía, pues había mucha técnica y secretos del ilusionismo que no conocía”, comenta Leiva.

Asegura que ensaya cuatro horas semanales, que es cuando va a las clases de magia. Asimismo, cuenta que suele participar en espectáculos infantiles. “Hacer magia a niños es más complejo que hacerle a los adultos, porque los primeros tienen más percepción, ven cosas que el adulto no ve. Es mucho más factible que los pequeños te vean la ‘trampita'”, explica.

Conoció la magia en la calle: caminando por Santiago se encontró con un mago callejero, de esos que venden trucos en la vía pública. Leiva observó un efecto que realizó el mago y quedó sorprendido. Desde ese momento, el mago Bruce no ha podido dejar la magia de lado.

Antes de entrar a las clases de Cimart, era conocido en el mundo de la magia como el «mago Scorpio». Sin embargo, tiempo después cambió su nombre a «mago Bruce», ya que, entre otros motivos, en el sur de Chile existe un ilusionista llamado «Skorpio».

¿Crees que es importante tener un nombre artístico que te diferencie de otros magos y, a la vez, de tu persona? ¿Por qué?

Sí, porque dentro del show el mago debe tener su característica, su nombre, su firma, por decirlo de alguna forma. En mi caso, por ejemplo, la diferencia solo está en el nombre, ya que el mago Bruce con Mauricio es la misma persona. Yo vivo el día a día de forma optimista, con humor. Al hacer magia trato de ser tal cual soy.

¿Qué es para ti la magia clásica?

Si nos vamos a lo técnico, la magia clásica para mí es lo que se le denomina al «efecto» que no se sabe su procedencia, no se sabe muy bien el autor de determinado juego. Si se compara con la magia de hoy, existe una mínima diferencia, pues la magia que se ve por televisión ocupa mucha tecnología, mucha cámara, demasiados artefactos automáticos. En cambio, la magia clásica ocupa lo tradicional, lo simple. Detrás de lo clásico está la habilidad, la técnica, el estudio que permite hacer magia con un lápiz, una moneda, pañuelo, cartas, cuerdas, pelota, aros chinos, cubiletes. Todo esto tiene que ver el crear una ilusión con algo tan simple como puede ser una moneda. No necesitas de la ayuda de la tecnología o de la inversión de millones de pesos para hacer un espectáculo de calidad.

¿Qué piensas de la «especialización en la magia» de la cual hablan tantos magos?

Dentro de lo que es cultura general a nivel de magos existen diferentes tipos de ilusionistas. Dentro de esa diferencia que se hacen los mismos magos, la escuela (Cimart) tiene un enfoque de ir tras el «mago real». El mago real es aquel que puede hacer magia con un lápiz, una moneda, una carta, un vaso, pañuelo, sombrero, entre muchas otras cosas. El que dice que es «cartomago», porque lo único que sabe es hacer magia con cartas ese tipo es un malabarista de cartas. Hace maravillas, pero solo en esa línea. Sin embargo, no es mago. Puede ser un buen crupier dentro de un casino.

¿Sientes que está mal eso de la «especialización»?

No es que esté mal ni bien. Es una línea que existe. Solo que algunos se consideran magos, ya que pueden hacer lindos malabares y algunos efectos con cartas.

1175245_571060412958681_1457679595_n¿Te consideras cartomago?

Intento no serlo. Lo mío antes igual era pura carta, pero cuando conocí la magia con monedas, cuerdas, cubiletes, etc., estoy en aquello. Quiero aprender magia con lo que te dije anteriormente.

¿Cuál es el papel que juega tu familia en tu formación como mago?

Bueno, ellos son mis conejillos de Indias. Ellos son los que me validan los efectos. Yo les digo ‘miren tengo algo que les quiero mostrar’ y ahí me doy cuenta si es que lo estoy haciendo bien o mal, porque si lo hago pésimo me dicen ‘ahhh te vi tal cosa’. Cuando no se dan cuenta es porque lo estoy haciendo bien.

Es un público difícil, porque ellos me han visto todo el proceso, desde que me inicié en la magia hasta hoy. Cuando me ven algo sospechoso se les queda grabado. Entonces después de un tiempo si hago algo ellos recordarán el movimiento extraño que había realizado tiempo atrás.

¿Cómo crees que puedes conectar lo que aprendes en Cimart con tu trabajo?

Dentro de la jornada laboral que puede ser tediosa, estresante, complicada, hay momentos en que uno necesita un breack. Hay personas que dicen ‘me voy a ir a tomar un café’, ‘me voy a ir a fumar un cigarro’ y, en cambio, yo hago magia. Aprovecho de analizar los juegos que aprendo, practicar técnicas, etc.

¿Cuáles fueron tus referentes mágicos con los que partiste en la magia?

Tamariz me llamaba mucho la atención. Junto a él estaba Pepe Carrol. Después vinieron apareciendo magos como David Copperfield, Criss Angel, y David Blaine. Claro que los últimos ocupan más tecnología, lo cual no quita la magia.

¿Cómo sientes que está la magia en Chile?

Está deteriorada. Quizás en el último tiempo haya tenido un repunte, pero mínimo. La verdad es que en este país las artes no tienen mucha difusión. Si en Chile no hablas de fútbol, fútbol y de fútbol, no eres nadie. Así como hay muchos otros deportes, por ejemplo: Karate, judo, patinaje, boxeo, etc., también existen las artes: cantantes, actores, pintores, diseñadores, pero no hay difusión. Para poder ganar dinero tienes que irte afuera. Los magos, por ejemplo, terminan trabajando en un pub. Terminan trabajando por propina que le da la gente.

¿Trabajar por propina le hace daño a la magia?

No sé si le hace mal a la magia, pero andar trabajando por propina no es el enfoque que yo le doy a la magia. Prefiero no cobrar antes que trabajar por propinas. Prefiero hacer un show a beneficio que ir a hacer magia a un pub por poco. O lo otro es hacer magia en un espectáculo en donde te dicen que van a ir «X» cantidad de personas y te vamos a pagar tantas lucas para que haga el show.

¿Sientes que la gente esté preparada para pagar por asistir a un show de magia?

Sí, yo creo que hay mercado. Pero depende mucho de la difusión y del enfoque que se le dé. Porque años atrás trajeron a David Copperfield si ahora traen al mago Bruce, nadie conoce quién es ese tal Bruce. No obstante, si Bruce tiene un pituto en la televisión, o participa en los diferentes canales o haya subido videos a Youtube y tenga un millón de visitas diarias, dirían ‘ahh ese es el mago Bruce’. Pero si ponen en un pub ‘hoy mago Bruce’, ¿Quién es ese tipo? Si a la magia se le diera la misma cobertura que se le da al fútbol, otro gallo cantaría.

¿Cómo llegaste a Cimart?

Lo conocí cuando fui a otra escuela en donde Ruthguiller Dumont (RD), actual profesor de Cimart, hacía clases. No participé de esa escuela, pero sí mantuve contacto con RD. Después me lo topé, más de alguna, vez en eventos de magia como Flasoma y otro que se hizo en La Cúpula del Parque O’higgins. También me encontré con gente que yo le vendía juegos de magia y me di cuenta de que teníamos a Cimart como ‘amigos en común’. Ahí me hice ‘amigo’ de RD y me convenció de que fuera a la escuela.

¿Hacen falta más escuelas de magia en Chile?

No sé si existen otras escuelas como tal. Lo que sí sé es que existen tiendas. Si Cimart no es la única escuela, es la mejor. En las tiendas te venden juegos, los cuales si lo entendiste bien y si no bien también. En este sentido, el aumento de escuelas en Chile ayudaría a la difusión de este arte. Fomentaría el crecimiento de la cultura mágica.

¿Cómo es el ambiente dentro de Cimart?

El ambiente es variado y entretenido: hay jóvenes, y no tan jóvenes. Es variado y eso es bueno. Es un buen grupo de amigos. No hablemos de fraternidad ni de ‘familia feliz’, pero es un gran grupo de amigos. Se nota que llega gente que quiere aprender y, a la vez, compartir.

¿Quién es Ruthguiller Dumont  para ti?

¿Es necesario responder eso? (Ríe). Es un gran muchacho. Un cabro joven con mucho entusiasmo y mucho conocimiento. No es egoísta y no tiene problema para enseñar. RD como tal es un buen chato. Se ve que él es magia: vive de magia, come magia, hace magia, es un mago real.